Tener unos buenos hábitos de alimentación repercute en muchos aspectos de nuestra vida, uno de ellos es la mejora del rendimiento en el trabajo.

El día a día, las prisas, la falta de tiempo por los horarios laborales, la organización a nivel familiar o la vida social pueden condicionar de forma negativa nuestra forma de comer. Por otra parte, la presencia de alimentos procesados en los supermercados, que proporcionan una alta palatabilidad y una rápida sensación de saciedad hacen que se estén perdiendo los buenos hábitos de cocinar en casa.

Está demostrado que un alto consumo de alimentos ricos en grasas de mala calidad, azúcares añadidos o sal influyen directamente en un empeoramiento del estado de salud tanto a nivel físico como psicológico.

Existe una costumbre social desde que somos pequeños que consiste en recompensar o premiar con alimentos “insanos” como pueden ser galletas, bollería, chocolatinas, patatas fritas, chucherías… Al final esto genera un hábito en la edad adulta y es que seguimos recompensándonos con este tipo de alimentos cuando estamos cansados, hemos tenido un mal día, tenemos estrés o ansiedad. Pensamos que va a mejorar nuestro día si los consumimos, esto ocurre generalmente por el azúcar añadido que tienen estos productos, nos dan una señal a nivel neuronal de placer y saciedad, pensamos “que rico está y me lo he ganado”.

Con la alimentación es muy importante saber diferenciar el entorno y el momento en el que consumimos un determinado alimento, cuando lo hacemos por una de las situaciones nombradas anteriormente posiblemente esté ligada esa ingesta a una recompensa emocional, no es lo mismo tomarnos un trozo de tarta porque estamos enfadados con nuestro compañero de trabajo y he tenido un mal día que si lo consumimos en un cumpleaños de forma moderada y disfrutándolo. Cuando lo comemos por comer seguramente ni lo estamos saboreando, a veces si nos paramos a pensarlo, no sabemos a qué sabe ese producto.

El consumo de alimentos con alto aporte de azúcares añadidos en el trabajo, nos proporcionan una “falsa” energía que en poco tiempo se agota, esto nos genera dependencia por seguir consumiendo estos alimentos para volver a sentirnos bien, el problema es que en el momento que esa energía va disminuyendo, también lo hace nuestro rendimiento laboral ya que nos encontramos más cansados, enfadados, irascibles…

Por otra parte, si realizamos comidas copiosas en el trabajo, nos provocarán somnolencia, pesadez o falta de concentración.

Y si me faltan horas en el día para tener una buena alimentación ¿cómo lo hago?

Hay tres puntos muy importantes que debemos cumplir para llevar a cabo una alimentación sana y son:

1.- Organizar el menú semanal

2.- Realizar la compra

3.- Cocinar

La improvisación del menú de forma diaria nos lleva a comprar de forma incorrecta en el supermercado, en sitios de comidas preparadas o comer de restaurantes.

              Es importante buscar un hueco para diseñar el menú que queremos hacer durante la semana, para prepararnos la lista de la compra y tenerlo todo disponible para cocinar.

            Entiendo que hay platos que en el día a día son más complicados de cocinar porque se tarda un tiempo que generalmente no tenemos, pero por eso, podemos poner en práctica el ahora conocido como “Batch Cooking” o lo que siempre ha sido, cocinar el fin de semana para tener recursos ya listos en los días de más carga laboral o si tenemos, por ejemplo, turnos de noche que seguramente nos afecten en nuestro día a día para cocinar.

              Os animo a poner en práctica estos sencillos recursos que poco a poco iré ampliándoos para que cuidar vuestra alimentación sea un objetivo primordial y así notéis una mejoría tanto en vuestro estado anímico como físico.

Sonia Torres Abascal

Diestista-Nutricionista

Nº colegiado: IB-0029