¿Recuerdas esa escena de «Solo en casa» en la que Marv pisa un coche de juguete y acaba volando por los aires antes de aterrizar de espaldas? Aunque parece una exageración de Hollywood, lo cierto es que muchas lesiones por las que acabamos en la consulta de fisioterapia ocurren por cosas igual de absurdas. Y sí, nos reímos hasta que nos toca ser los protagonistas de la historia. Desde Cuidándote, queremos recordarte que no hay que subestimar ninguna lesión. Más vale prevenir que cojeando andar.
Líbrate de estos «pequeños e insignificantes» accidentes:
- El esguince épico bajando el bordillo: bajas del coche con prisa, giras para cerrar la puerta y, ¡zas!, el bordillo traicionero ataca. Un mal apoyo, un giro raro y ya tienes un esguince de tobillo. Lo peor no es la lesión, sino la humillación de intentar disimular mientras cojeas hasta tu destino como si nada pasara.
- La espalda destrozada por jugar con tu hijo (o sobrino, o perro): «Solo le iba a hacer un caballito», «era una carrerita inocente», «mi perro quería jugar a tirar de la cuerda». No importa la excusa, el resultado es el mismo: un lumbago que te deja doblado en ángulo recto y con una cita urgente en fisioterapia.
- El latigazo cervical de la montaña rusa: vas al parque de atracciones con toda la ilusión del mundo, te montas en esa montaña rusa «suave» y sales con el cuello en una posición digna de un cuadro cubista. Las sacudidas inesperadas pueden generar pequeñas lesiones musculares y articulares, y cuando al día siguiente apenas puedes mover la cabeza, ya sabes a quién llamar.
- El desastre doméstico con la fregona: parece que limpiar la casa es una tarea tranquila, pero ojo con los resbalones con el suelo mojado o con los tirones en la espalda al escurrir la fregona con demasiada energía. Quién iba a decir que el mayor enemigo de tu zona lumbar sería tu obsesión por el suelo reluciente.
- La épica lesión de toser o estornudar: parece broma, pero no lo es. Un simple estornudo puede generar una contractura en la espalda o una pequeña lesión intercostal. Y si estás resfriado y llevas días tosiendo, los músculos del abdomen y la espalda pueden resentirse hasta el punto de necesitar un buen masaje descontracturante.
Sabemos que nadie está libre de estas lesiones absurdas, pues son más comunes de lo que crees y pueden fastidiarte el día, la semana o incluso el mes. Si te toca ser el protagonista de una de estas historias, no lo dejes pasar: recuerda que un fisioterapeuta de Cuidándote puede aliviar el dolor y ayudarte a recuperarte antes. ¡Pide, siempre, el consejo de un profesional!
Y la próxima vez que bajes del coche, camines por casa con calcetines o intentes hacerte el deportista con los niños, ¡piénsalo dos o hasta tres veces!