¿Frío o calor después de una sesión de fisioterapia? Esa es la cuestión. Es un dilema casi tan antiguo como el de Hamlet, aunque con menos drama y más alivio muscular. Seguro que más de una vez has salido de la clínica preguntándote: «¿Y ahora qué hago? ¿Me pongo hielo o me meto en la manta eléctrica?», Tranquilo, aquí te lo explicamos.

¿Cuándo aplicar frío?: el poder del hielo

Se recomienda aplicar frío cuando hay inflamación, hinchazón o dolor agudo. Si has salido de la sesión con la zona algo más sensible o inflamada, el hielo será tu mejor aliado. Su efecto vasoconstrictor reduce la circulación sanguínea y, por tanto, la inflamación. Además, adormece la zona y actúa como un analgésico natural.

Aplícalo usando una bolsa de gel frío, un paquete de guisantes congelados o una bolsa de hielo envuelta en un paño. ¡Ojo! Nunca lo pongas directamente sobre la piel para evitar quemaduras. Con diez o quince minutos será suficiente.

¿Cuándo aplicar calor?: el abrazo relajante

Si el frío es un anestésico natural, el calor es como un masaje sin manos. Se recomienda cuando hay tensión muscular, rigidez o molestias crónicas. Si la sesión de fisioterapia ha trabajado una contractura o ha liberado mucha tensión, aplicar calor ayudará a relajar la musculatura y mejorar la circulación.

¿Cómo aplicarlo? Puedes usar una manta eléctrica, una bolsa de semillas calientes o una toalla humedecida con agua caliente. De nuevo, no te pases con la temperatura ni con el tiempo: de 15 a 20 minutos bastarán.

Y no hay riesgo de equivocarse. No vas a estropear el trabajo del fisio por usar frío en vez de calor o viceversa. Lo peor que puede pasar es que no sientas tanto alivio como podrías. Pero si tienes dudas, recuerda consultarle a tu fisioterapeuta. Cada caso es diferente, y el especialista te indicará qué es lo mejor para ti. No olvides que puedes tener una sesión de fisioterapia gracias a Cuidándote.

Cuidándote logo
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.