Seguramente has escuchado hablar de la “regla de los 21 días”, esa que dice que si repites un hábito durante tres semanas, se vuelve automático. Pues bien, lamentamos ser el portadores de malas noticias, pero es un mito. En realidad, los estudios dicen que consolidar un nuevo hábito puede tardar entre 60 y 90 días. ¿Y cuántas veces hemos abandonado el gimnasio antes de llegar a ese punto? Tranquilo, nos pasa a muchos. Por eso, aquí tienes algunos trucos psicológicos para que esta vez el gimnasio se convierta en parte de tu vida y no solo en un cargo mensual en tu cuenta bancaria.

  1. Crea un compromiso público: no hay nada más poderoso que la presión social. Cuenta a tus amigos, pareja o familiares que estás comprometido con el gym. Mejor aún, súbete al carro de las redes sociales y publica tus avances. Saber que otros están pendientes de tu progreso te dará un extra de motivación.
  2. Usa la “técnica de los dos minutos”: a veces, el problema es empezar. Si te da pereza ir al gimnasio, proponte el reto de solo ponerte la ropa deportiva y salir por la puerta. Una vez que superas ese pequeño obstáculo, lo más probable es que termines completando tu entrenamiento.
  3. Hazlo placentero: si cada sesión de entrenamiento se siente como un castigo, tarde o temprano lo dejarás. Encuentra la manera de hacerlo disfrutable: escucha tu música favorita, prueba diferentes clases o entrena con un amigo. La clave está en asociarlo con algo positivo.
  4. Usa el “efecto Zeigarnik”: este fenómeno psicológico dice que el cerebro odia dejar las cosas a medias. Así que prueba con un plan de entrenamiento de 30 días o una meta concreta como levantar X kilos o correr X minutos. Una vez que empieces, la sensación de no haber terminado te hará volver.
  5. Recompénsate inteligentemente: no, no estamos hablando de darte un atracón de pizza después de entrenar. Pero podrías darte pequeñas recompensas cuando cumplas ciertos hitos, como comprarte unas zapatillas nuevas, algún dispositivo wereable o un batido proteico que te encante.
  6. No dependas de la motivación: esta es como un amigo que siempre llega tarde: a veces está y otras no. En cambio, cultiva la disciplina y los hábitos. Si logras que ir al gimnasio sea parte de tu rutina, sin cuestionarlo, ya no dependerás de si “te apetece” o no.

Así que ya lo sabes: la clave no está en la fuerza de voluntad, sino en aplicar trucos que engañen a tu cerebro para mantenerte en el camino. Nuestra psicóloga Angélica Barrios puede ayudarte con más consejos. Agenda una sesión a través de Cuidándote.

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